domingo, 11 de febrero de 2018

¿Violencia de género en el Rock local? El caso de los videos de Sgt. Papers, Baby Dollz y el Rey ha Muerto.

“Es un escándalo pegar a las mujeres,
y los gritos de tu mujer no me dejan dormir”
(Hipócritas católicos - La Polla Records)

Por Hugo César:

En los últimos meses, la escena musical de Hermosillo ha sido cuestionada por la predominancia de un circuito de bandas emergentes, los cuales presentan una audiencia en sus eventos superior a cualquier otro circuito actual, y al mismo tiempo son mencionados de forma constante en medios de divulgación tanto locales como nacionales. El caso de las publicaciones escritas sobre Señor Kino y Sgt. Papers dio lugar a una polémica producto de la desinformación tanto de los medios externos que escribieron sobre ellos, como de los críticos que arremetieron contra las notas. En las dos posturas (tanto medios como críticos) no lograron comprender la complejidad del fenómeno.

Dentro de esa fricción, surgen observaciones diversas que se suman al conjunto de ataques y descréditos artísticos de estas bandas. El pasado mes de enero de 2018, la banda Sgt. Papers divulgó el film de su video “Pank”, dentro de una proyección sumamente bien elaborada y producida, pero con una historia que repite una concepción de nuestro paisaje, mezclado con el cliché adolescente. No obstante, la polémica viral aquí fue la violencia de género, donde el video muestra la interacción de dos aparentes adolescentes que cruzan un umbral sicodélico y que en un lapso de cinco segundos, la mujer es atacada por el protagonista, simulado a través de su alucinación. Lo anterior se volvió susceptible de censura ante grupos que se autoproclaman feministas y críticos locales de música, manifestando que el video incita a la violencia de género. Se generó un ataque directo tanto con el grupo como con los realizadores del film, desembocando en algunos casos en la difamación.

Sin embargo en 2016, la banda de Hermosillo Baby Dollz lanzó su video “Through Our Darkness”. En la filmación de la historia se muestra la privación de libertad de un hombre por una mujer, el cual posteriormente se ve amordazado y, ante un conjunto de féminas, se hace visible la supuesta misandria a través de la tortura del protagonista. El video jamás causó polémica, la banda no ha sido objeto de críticas severas, son una banda de mujeres dentro del hardrock metal regional con una fuerte presencia en redes sociales y una trayectoria sólida a través de sus producciones y diversas presentaciones en otros estados.

Otro caso para mencionar es de la banda hermosillense El rey ha Muerto, quienes en 2013 presentaron su video “Obliterar”, una gran producción visual con la colaboración de actores reconocidos en el ámbito comercial como Luis Fernando Peña y Thali Alejandra García Arce. En la trama del video se muestra la privación de la libertad de una joven mujer por un hombre aparentemente desconocido para ella, el cual posteriormente la asesina. El video fue aceptado de forma positiva por los medios locales, y en ningún momento se divulgaron detracciones virales de grupos feministas o críticos citadinos; la banda goza de una reputación aceptable, con presentaciones dentro y fuera del Estado de Sonora y han sido entrevistados por periodistas distinguidos.

La violencia de género la define la ONU como “Todo acto de violencia sexista que tiene como resultado posible real o físico, sexual o psíquico, incluidas las amenazas, la coerción, o la privación arbitraria de la libertad…”. Cabe recalcar que incitar a la violencia de género a través de una obra es un tema complejo. Podemos encontrar literatura desde novelas aplaudidas como Patrick Süskind autor de El perfume, historias en libros de Charles Bukowski o escenas de películas de Alejandro Jodorowsky; en todas ellas la violencia de género está presente y no han sido señaladas como propensas a la incitación de violencia, sin mencionar la enorme cantidad de bandas de rock nacional como de corte internacional de renombre que también lo han reflejado tanto en sus videos y letras.

Por tanto, cabe preguntar de forma simple: ¿en qué momento se puede determinar la violencia de género en una expresión artística? ¿Por qué Sgt. Papers fue objeto de censura y difamación, a diferencia de Baby Dollz y el Rey ha Muerto? ¿La violencia de género es visible a conveniencia? Al parecer existe entre los críticos locales y círculos emergentes feministas un disimulo de condiciones contrarias a lo que realmente se presenta, una incongruencia de lo defendido y lo concebido, y a eso se le llama hipocresía.


Sgt. Papers - Pank
https://www.youtube.com/watch?v=R6cTYSlOdUE

Baby Dollz - through our darkness
https://www.youtube.com/watch?v=XtfEsvGQZzs

El Rey ha Muerto - Obliterar
https://www.youtube.com/watch?v=3_yLrB23dMY

sábado, 9 de diciembre de 2017

Paralelo de Rock en Sonora: de La Última Vuelta hasta Sr. Kino…

¿Qué es un segundo en un siglo?” 
Miguel Medina 
Por Hugo César:

La primera vez que escuché en vivo a La Última Vuelta fue en octubre de 1995 en el CUM dentro del concierto Revolución 95. Un servidor tenía escasos 14 años de edad y la banda dio apertura a uno de los eventos más importantes de Rock en Sonora, compartiendo escenario con Fobia, Aurora Negra, La Lupita y Maldita Vecindad. El evento los posicionó en ese momento como el grupo de Rock de mayor importancia en la entidad. Su Hard Rock alternativo se alineaba en la transición del sonido melódico de los 80s con la estridencia naciente de los 90s. La gente hablaba de ellos, se mostraban presentaciones en vivo en la rotación de videos del programa Visión Rock de Telemax o canciones demos emitidas en la radio local. 

Posteriormente en una distancia muy lejana de tiempo, a mis 35 años de edad, víctima del delirio posmoderno y buscando propuestas musicales vinculadas al garage-stoner, alguien me comentó de un circuito alternativo local influenciado por sonidos similares y alineados a las nuevas propuestas nacionales. No dude en buscarlos y en diciembre de 2016 escuche en vivo a Sr. Kino, banda que retoma la esencia LoFi mezclado con sonidos Shoegaze, Garage y Punk. Esa misma noche tocaron las bandas Slaves, Noches de Peñasco y Buzz Kill, todos ellos interpretando canciones propias y curiosamente covers de temas noventeros. Con los meses frecuenté ese circuito emergente de bandas adolescentes y pude apreciar que Sr. Kino es el grupo con mayor poder de convocatoria. Los medios de música independiente hablan de ellos y poseen una fuerte presencia en redes sociales.

Escribir sobre el presente contexto de rock local y regional en Sonora (en este caso de Hermosillo), es retomar una discusión añeja sobre qué es lo que sucede con la música y el “compromiso” de la gente en nuestra ciudad. Actualmente se han realizado varios eventos que congregan a la mayoría de las bandas; se aprecian dos brechas generacionales bastante marcadas por la diferencia de edad, cada una de ellas realizando eventos muy distintos. Por ejemplo, el concierto FestiRock realizado en la Sauceda en el presente año, tuvo por objeto reunir un conjunto de bandas representativas de los 90s como Sectas, Ataxia, La última Vuelta o Restos, donde para tristeza de muchos, la afluencia del evento no fue efectiva, hubo un número muy reducido de personas que pudieron tener cabida dentro de un bar. En cambio, asistir a un festival del nuevo circuito con bandas como Sgt. Papers Lonely Psych Punk Band, Sr. Kino, Rotten Daisies, Buzz Kill entre otros, se aprecia una convocatoria positiva donde es notorio que las nuevas generaciones si apoyan a sus bandas dentro del nuevo circuito.

Cada generación presenta rasgos de inconformidad distintos, elementos con descontento que se encuentran dentro del imaginario colectivo de sus escuchas y sus respectivas apatías. Podemos recordar aquel cáncer de las tocadas noventeras y posteriores caracterizado por la abstención de la gente de entrar a los eventos y permanecer afuera ingiriendo cerveza en espera de un portazo, en contraste con el nuevo circuito, donde en algunas tocadas, no se han dado abasto de poder introducir a todos sus asistentes ante el lleno total. También el vestigio del pasado donde se consideraba “vendido” al que grababa con una disquera oficial. De tocadas con amplificadores que parecían loncheras, hasta nuestros días donde bandas traen ingenieros de sonido. En muchos rasgos la escena local ha cambiado, pareciera que unos añoran un pasado lleno de trabas, mientras que otros ansían el sonido del pasado, pero sin su contexto deplorable.  

Ver esos dos circuitos de bandas juntas, las de “antaño” y las “nuevas”, parecía indisoluble, lejos de poderse asociar o mezclar. No obstante, el pasado verano de 2017 se realizó el evento SubKultvra Festival 17 organizado por RVL DAZE, el cual reunió bandas de todo tipo en un maratónico festival de 10:00 am a 12:00 Pm. El evento sin costo alguno y para todas las edades pudo reunir a un conjunto de bandas de distintas géneros, genes y generaciones. Un servidor tuvo la fortuna de apreciar un momento impremeditado que reunió a dos bandas de forma consecutiva y que bautizan una parte del título a esta reseña: La Última Vuelta y Sr. Kino.

En dicho evento se pudo apreciar el esfuerzo de conectar esas dos generaciones. Por un lado, La Última Vuelta, que envolvió a toda la gente en una concepción de concierto pura, con músicos experimentados, mezclas de melodías y sonidos estridentes que nos sumergieron en la transición de los 80s y principios 90s, producto de un hard rock sónico visceral (somos una mole). Por otro lado Sr. Kino, con su enérgica presentación dentro del extraño mundo de la baja fidelidad, su entrega total con sus seguidores que bailan en cada canción, la perspectiva de género (casi inexistente tiempo atrás) con un sonido garage punk alternativo, reviviendo las armonías que dieron origen al Rock. 

Pareciera que este año estábamos aproximándonos a un posible punto de ebullición de rock local, era el inicio de lo que pudo ser una gran escena incluyente, influenciada por la esencia alternativa de antaño en conjunto con el circuito que pone el sudor en las tocadas. Pero una parte de la gente en Hermosillo habló como suele hablar, los que se autodenominan escépticos de los medios ahora se volvieron crédulos de los medios. Muchos se tragaron el amarillismo barato de una nota. Ancestros locales víctimas de su propia contradicción y un circuito emergente con obstinación. La megalomanía de algunos seudo músicos y críticos alimenta el etnocentrismo actual, la podrida “escena” y su división eterna. Por lo pronto seguimos donde mismo, llenos de basura textual sin figurar en otro lugar, irónicamente no se puede esperar más. Pero mientras eso ocurre un servidor escucha y disfruta de Sr. Kino y La Última Vuelta, y al que no le guste pues…. Salud.



martes, 14 de febrero de 2017

Señor Kino y la nueva escena emergente

Por Hugo César

“El rock en Hermosillo está muerto”, ese es uno de los tantos comentarios que han sonado desde hace tiempo en la capital de Sonora, después de que varios tokines se han visto desolados por sus escuchas. Hoy en día pareciera que el rock se extingue dentro de algunos espacios que han brindado el apoyo a las bandas. Algunos dirán que cualquier escena musical empieza de cero, con un público reducido correspondiente incluso a los mismos miembros de las bandas que tocan esa noche. Sin embargo, en Hermosillo, la escena de tocadas en establecimientos comerciales viene de más a menos, con una apariencia de abstinencia, antítesis y resaca en contradicción, una negación del rock.

Dentro de esa percepción, se menciona que ya no hay tocadas como antes, que se perdió la identidad y la esencia, que los grupos ya no tocan por gusto sino por vanidad, que no existen bandas que aporten. Para contrastar lo anterior y evidenciarlo, un servidor se sumergió más allá del subterraneo desconocido por la gente en riesgo de vegetación, y pudo apreciar que la escena rockera está activa, que hay muchas bandas con propuestas genuinas e interesantes, que los comentarios son el azolvamiento de una concepción carcomida por las tocadas en bares, exclusión de propuestas y la megalomanía de muchos de sus personajes. A todos ellos les decimos ¡jodanse!, el rock sigue vivo, un recurso renovable no apto para narcisistas con impotencia musical.

El pasado 20 de diciembre de 2016, la banda Jueves de peñasco organizó el evento “La choza de los superpequeñines”, una tocada que empezó alrededor de las 7:00 pm en una colonia al norte de la ciudad y que de manera puntual tuvo un lleno total dentro de una escena subterránea tradicional. Además de los anfitriones, las bandas Señor Kino, Fixion, Slaves y Buzzkill, estremecieron el lugar generando un baile sónico y caótico entre los asistentes, un garage sicodélico envuelto de sonidos grunge, punk, fusión y noise. El tiempo siguió su curso y pude apreciar la verdadera esencia del rock, dentro de un pequeño lugar con gente bailando a mi alrededor, sin críticas ni pretensiones, a nadie le importaba el orden de los factores, a nadie le importó abrir o cerrar, aquí todos son primeros y últimos a la vez.

Esa misma noche tuve la oportunidad de platicar con Karl Neudert (KN), vocalista de la banda Señor Kino, quien, de manera muy atenta y generosa, contestó las etílicas preguntas de un servidor (HC) el cual se encontraba dentro de una paramnesia de recuerdos y trastorno de nostalgia.

HC. ¿Cuándo inicia señor Kino?
KN. Empezó en diciembre de 2015, yo iba en secundaria, escuchaba mucho rock y junto con Carolina (bajista actual) decidimos hacer la banda. Un día le dije que haríamos el grupo y con el tiempo resultó. Con ella congeniaba mucho en los gustos musicales que teníamos y comenzamos a practicar entre los 14 y 15 años, luego se fueron incorporando el resto de los integrantes.

HC. Tienen influencia de grupos actuales como los Blenders, ¿Qué otras influencias consideras forman parte de ustedes?
KN. Creo que cuando escuché a bandas como O tortuga y los Blenders tuve un gusto por una escena musical que se estaba desarrollando en la ciudad de México, comprendí que teníamos preferencia tanto por el surf como por el garage y decidimos hacer algo similar aquí, algo que otras bandas no estaban haciendo.

HC. ¿Se sienten dentro de un sonido garage o neogarage?
KN. Es como una combinación de los subgéneros, del punk, del surfpunk con derivados de garage.

HC. Algunas personas pensarían que tiene un sonido argentino alternativo, ¿hay algo de ahí o simplemente así suena actualmente el garage?
KN. Tal vez inconscientemente. Hay bandas argentinas de shoegaze que escuchaba mucho y que les mostraba a mis amigos, yo les decía que así quería sonar y entre todos fuimos formando un sonido, evolucionando poco a poco. Tenemos canciones que son un poco de surf, otras más lentas y tristes, y algunos cercanas al postpunk.

HC ¿Algunas bandas que te gusten de Sonora?
KN Todas las que están tocando ahorita aquí jajaja. Quisimos tomar todo lo que estuviera fuera del metal, fuera del ska y fuera del rap, que es como lo más fuerte en Hermosillo, y lo que me gusta es que están saliendo nuevas propuestas, como Slaves que es industrial, u otras bandas de amigos que tocan shoegaze.

HC ¿En qué edad ubican a su público?
KN La verdad tenemos un público adolescente, talvez por las letras o por las influencias que tenemos.

HC ¿Qué es Sr. Kino y a qué aspira?
KN. Empezó como un juego. Al principio teníamos un poco de temor por el género musical que tocamos, no veíamos que fuera del gusto de la gente, pero empezamos a gustar y nos apoyaron, fue de ahí que decidimos tomárnoslo en serio, en grabar un álbum más formal y continuar con el proyecto.

HC.  Entonces ya cuentan con grabaciones independientes
KN Contamos con un EP producido por la Casa Producciones, el cual nos gusta mucho pero el próximo álbum estará mejor (jajja) porque el sonido que teníamos ahí éramos solo de tres, más bien es un demo de los que queremos hacer.

HC. Viendo que son una banda joven con canciones originales, qué le pueden decir a los grupos emergentes que tocan covers
KN. Que se arriesguen, así empiezan las bandas, todo comienza por un riesgo, es importante, empezar, tocar y no aguitarse si a la gente no le gusta lo que tocas, sino que te guste.

HC. Son una banda muy enérgica a diferencia de otras bandas, ¿de dónde sacan eso?
KN. Nos gusta sentir la música, divertirnos y ver que la gente se divierta, eso te prende, te emocionas ver cómo a la gente le gusta.

HC. ¿Por qué señor Kino?
KN. Quisimos tomar un nombre playero, pudimos llamarnos Sr Guaymas o don Empalme pero optamos por Señor Kino, por la bahía.

HC. ¿El rock está muerto en Hermosillo?
KN. No jajajaja

HC. Gracias por la entrevista, quisiera que dejaras tu nombre para el registro.
KN. Por nada, soy Karl Neudert

HC. ¿Si es tu nombre? o ¿es tu seudónimo?
KN. Si, es mi nombre.

HC. Bien, un poco fuera de lo común, supongo que te lo han dicho.
KN. Si, casi todos los días jajajja….

                                                                                         


Killing Vectors y $LAVE$, variables complejas dentro de la escena emergente

Por Hugo César:

Continuando con nuestro trabajo etílico antropológico sobre la nueva escena emergente, el equipo editorial de Coyote de Fuego asistió el pasado 6 de enero a la tocada “Stoner Rock Hmo” en la histórica colonia del PaloVerde, a un costado de la fractura geográfica que divide a la llamada ciudad del sol. Dentro del relieve ancestral, entre escurrimientos obstruidos por la mancha urbana, nos encontrábamos justo en una planicie con depósitos eólicos que un tiempo vio nacer tocadas memorables y bandas punks en Hermosillo. Ahora la escena emergente se trasladaría de norte a sur, sin importar el espacio-tiempo que enarbola las escusas existenciales de aquellos que sufren el actual síndrome de abstinencia de rock.

Dentro de un domicilio particular, similar a una especie de jardín botánico, las bandas Señor Kino, Killing Vectors, $LAVE$ y Trance compartieron su sonido y fueron rodeadas por su público, el cual respondió desde muy temprano a cada uno de los temas envueltos en luces cósmicas, espíritus arcaicos de brujas y sueños sumergidos por el concreto. Una tumba de lamentos regulada por el zanqueo de una generación en ebullición, víctimas de una realidad posmoderna que devuelve a los jóvenes el poder de convocatoria y el sudor de ideales en una nueva concepción.

Aun cuando la tocada tuvo variantes de géneros en los que resaltaron el surf sicodélico, el garage, hard rock  y noise punk; la magia del lugar nos teletransportó a la esencia del Stoner con un público entregado de principio a fin a sus bandas, danzando entre riffs desérticos y letras viscerales. Fue en ese lugar donde establecimos el contacto con las bandas Killing Vectors y Slaves, los cuales, a través de nuestro muestreo aleatorio emborrachado, respondieron en días posteriores a nuestras preguntas. 

Killing Vectors
De acuerdo a la percepción de la banda, el nombre Killing Vectors  responde a “la cantidad que aparece en la teoría general de la relatividad: Killing es el apellido del responsable (Wilhem Killing) y Vectors es simplemente vectores”. Lo anterior como muestra representativa del perfil de sus integrantes (estudiantes de física) adictos a la ciencia natural que se encarga del estudio de la energía, la materia, el tiempo y el espacio. Con un antecedente de rock local que los relaciona con la extinta banda local Sapiens Demens, el grupo comenzó en agosto del 2016 con Jorge Luis Duarte (batería), Alan Aganza (bajo) y Oscar Sanders (guitarra). Su sonido lo ubican dentro de los géneros Stoner, Doom, Occult y Hard Heavy Rock, aunque ellos lo llamen simplemente Surf Oscuro o Black Surf.

Sus influencias más confesables se dirigen a gustos por Kadavar, Kyuss, Black Sabbath, Pentagram, Fu Manchu, Brant Bjork, Night Sun y Electric Wizard, entre algunas otros. Se consideran una banda emergente que se está integrando a la escena de rock local y esperan próximamente grabar un álbum y un EP de Black Surf. Más allá de la clasificación de su género, Killing vectors responde a todo un fenómeno global de bandas que retoman el Rock Stoner y lo fusionan con variantes de otros estilos, su sonido denso muestra la evolución de sus integrantes dentro de un contexto que retoma al rock desértico como punto de referencia de su creatividad.

$LAVE$
Por otro lado, la banda $LAVE$ decide el nombre como un adjetivo de una cosmovisión en sometimiento ante el sistema monetario internacional, una transición de la vida atrapada en el homo-economicus. “Es algo innegable y nos perseguirá hasta la tumba. Es lo único que odiamos, pero no podemos dejar de buscar”. La banda se crea en julio de 2015 y se compone de los integrantes: Necro$anto (vocales), I$himura (bajo), Ugly Mane 0$ (teclados/beats electrónicos), Sevink (batería), Donaldo Plata (guitarra). Se relacionan con bandas locales anteriores como El día de la marmota (Sevink y Donaldo), Chaos brings order (negrosanto).

Su sonido en un principio caracterizado por el punk y el rap, los conllevó enfocarse más hacia el punk y sintetizarlo a partir de noise, harcore y otros subgéneros. Sus influencias podrían ser como lo mencionan grupos de la talla de Black flag, Code orange, H09909, Deftones, Moenia y the HKBO. Sin embargo, también mencionan a bandas de noise como MachineGirl o NAHstuff.

En general la banda alterna de manera solidaria con bandas como Trance, Señor Kino, Bonsai Babies, o la extinta banda El día de la marmota. Han sido teloneros de bandas/artistas del circuito de Dani Shivers de Tijuana, MachineGirl de NY, así como de HKBO. Entre sus expectativas a futuro se encuentra un nihilismo desahuciado dentro de su imaginario colectivo, o como bien lo mencionan, simplemente gustan de hacer música y participar en lo que llaman la nueva cara del punk, con un perfil más técnico y no tan minimalista. Esperan pronto grabar un EP para poder compartir su sonido caótico e hipocondriaco. Salud por todos ellos….




lunes, 10 de octubre de 2016

Entrevista a Playboy Manbaby, rabia adolescente desde el desierto de Arizona…

“I don’t got time to work at minimum wage 
I got a lifetime of adolescent rage 
and anger is the only kind of passion that 
I try to hide from people at the laundromat
I don’t need to listen to the voices in my head 
I wanna kill the people on my television set”
Mermaid Pterodactyl-Playboy Manbaby

Por Hugo César:

El desierto como vacío abundante de una simple impresión, comprende un hábitat de especies ocultas y una panorámica de paisajes en riesgo de erosión. Algunas descripciones reflejan complejidades más nihilistas que biológicas, “el desierto crece” diría Nietzsche “¡ay de aquel que dentro de sí cobija desiertos!”. Otras concepciones, como la de David Benioff, lo expresa como un exilio de nuestra especie, un lugar de prófugos de la condición humana. En el noroeste de México (Sonora) y el suroeste de EU (Arizona), el desierto alberga dos territorialidades complejas; la aridez rompe el límite de la fisura política-geográfica, un espacio delimitado por la música donde han transitado bandas punks que comparten su único recurso escaso ante la exigua precipitación, cactáceas columnares y almas disecadas por el sol. 

Hablar de ese ente musical compartido entre dos regiones fronterizas es remontarnos a principios de los noventas, cuando Malignus Youth, banda oriunda de Sierra Vista Arizona visitó la capital de Sonora en el verano de 1992, su caótico sonido sónico influenció a toda una escena local ansiosa de estallar en una resonancia que representara el espejismo árido y su radiación. Seis años después, en el invierno de 1998, la banda Weird Love Makers provenientes de Tucson Arizona, visitaron Hermosillo para contagiar a una escena más alternativa a través de un sonido punk acelerado e iconoclasta, un estilo que se plasmaría en una extensa producción de discos compilatorios, sencillos y álbumes oficiales. Fue a través de eventos como estos que existió una comunidad de bandas hardcore-punk entre Arizona y Sonora, una utopía transfronteriza y una escena de rock cada vez más endémica. 

A pesar que, en los últimos años, los estragos de la posmodernidad parecían extinguir ese desierto compartido en las décadas anteriores, el pasado incendiario verano del 2016, la banda Playboy Manbaby originaria de Phoenix AZ visitó Hermosillo. En su presentación, la banda compartió un género derivado del punk regional de Arizona, pero entremezclado con sonidos enérgicos como el funk y el rock fusión, una fórmula emergida de sus raíces musicales y del college town de donde provienen (Tempe AZ). Su intensa ejecución musical a través de la entrega de cada uno de sus integrantes explotó en cada canción, sin importar el padecimiento físico o la inevitable insolación. Los minutos transcurrieron y Plaboy Manbaby transgredió la llanura aluvial desértica para inocular a sus escuchas con sus armonías estridentes y su estilo antagónico.

Una vez más, una banda independiente nos demuestra que la esencia del rock no sucede en los grandes escenarios, sino en los pequeños rincones donde transpiran los sentidos, una simplificación de la realidad más amena, lejos de la parafernalia publicitaria y su alucinación comercial. Fue unos minutos antes de que comenzara su vehemente tocada donde los integrantes de Máquina 501 tuvieron la oportunidad de platicar con ellos.

M501: ¿Cómo definen su sonido, el estilo de PlayBoy Manbaby?
PBMB: Es una mezcla de varias cosas, un poco de punk, un poco de funk, hemos escuchado varios estilos y lo hemos sintetizado como Wird art punk funk music. Creo que de punk escuchamos muchas bandas de los ochentas, como Dead Kenedys pero después también nos influenciamos por bandas como Talking Heads y muchas otras.

M501: La escena Rock and Roll o Punk Rock, ¿cómo es en Phoenix Arizona?
PBMB: La escena local es bastante buena, mucha gente no espera grandes conciertos o que sea como en las grandes ciudades como en Los Ángeles o en New York, hay muchas bandas tocando y la gente responde. Hay muchos lugares buenos para tocar, solo que Phoenix es una ciudad muy estricta y muchos de estos lugares cierran, pero al mismo tiempo se abren otros. Tenemos una gran audiencia, ahora nos escuchan muchos jóvenes que se vuelven locos en los shows y eso realmente nos gusta.    

M501: Descríbanos un poco el sonido de cada Álbum de PlayBoy ManBaby
PBMB: Tenemos un par de grabaciones tempranas que no contamos, pero realmente el primero que contamos es Bummeritaville es una grabación más punk, como una grabación garage. Y lo que grabamos en Electric Babyman pusimos un poco de weird punk y más funk. En el próximo álbum a realizar haremos cosas más diferentes. A medida que más tocamos, más estilos distintos adoptamos, es algo divertido hacerlo.

M501: ¿Cuántas veces han tocado en México?
PBMB: Esta es nuestra segunda ocasión, solo hemos tocado las dos veces en Hermosillo. Realmente nos ha encantado la ciudad de Hermosillo, las personas nos han tratado muy bien, ha sido muy divertido venir aquí. También quisiéramos tocar en la Ciudad de México o en Guadalajara ya que tenemos amigos que viven allá.

M501: ¿Qué opinan de la escena musical subterránea o independiente de EU?
PBMB: Ha cambiado mucho, ahora hay más band
as con más estilos y distintas formas de escucharlos. Ahora existe una audiencia amplia para esos géneros y que aprecian los sellos discográficos pequeños e independientes. Pero al mismo tiempo hay muchas bandas que aparecen y desaparecen muy rápido porque es un poco duro el salir de tour y manejarse dentro de esta escena.

M501: Han sacado sus grabaciones en formato de casetes, ¿qué nos pueden decir al respecto?
PBMB: Es algo que han estado haciendo varias bandas de la escena independiente, bandas de garage principalmente. Fue algo que retomamos por nuestras influencies musicales. No es caro, es algo accesible y fácil de distribuir, más ahora que hay gente comprando casetes como colección.

M501: Gracias por la entrevista a todos, quisiéramos que dejaran sus nombres en el registro.
PBMB: Robbie Pfeffer (voz), Chris Hudson (bajo), TJ Friga (Guitarra), David Cosme (trompeta), Ricky (Sax) y Chad Dennis (batería). 

Videos:
https://www.youtube.com/watch?v=vGsz6cUZYck
https://www.youtube.com/watch?v=pY6AzxY4XC0
Contactos:
http://playboymanbaby.bandcamp.com/
http://playboymanbaby.com/
https://www.facebook.com/ButterGravyButter/


Foto de playboymanbaby.com

jueves, 31 de marzo de 2016

Transistor: Rock con esquizofrenia

A mediados del siglo XX, cuando que el Rock abandonó el sui generis y se trasladó hacia nuevas latitudes cerebrales, comenzaron a nacer una diversidad de clasificaciones dentro del género musical. Estas se incrementaron a medida que el trastorno mental de los músicos y la tecnología permitieron embaucar al rock a su mutación. No sabremos si esos cambios derivaron de una idea premeditada o si fueron simples circunstancias geográficas.

Los críticos y melómanos siempre han determinado los distintos paradigmas del rock, pronosticando finales infelices, inconclusos y pospuestos. Incluso el mismo Kurt Cobain, un año antes de su muerte consideró al rock como un refrito, una copia de carbón oculta maquilada por la industria que había llegado a su fin. Pareciera que fue ayer, pero esa percepción continúa en la actualidad, haciendo parecer una vez más que en el presente, el rock está al borde de la extinción.

No obstante, las predicciones se ven ajenas a la realidad, el arte es morbo que se alimenta de podredumbre, de escenas marginadas donde ocurren sucesos distintos al mainstream. En el underground, la dictadura de las disqueras y los medios es abolida por la apreciación de vidrios rotos, sangre destilada, polvo y sudor de una pequeña presentación. Es así como el calvario del subterraneo sigue engendrando vida a través de su perturbación y distintas escenas continúan en labor de parto. El rock no se ha detenido, la industria tal vez.

Transistor es una banda oriunda de Sonora que retoma el trastorno del rock. Sus temas se incrustan en la desorganización de la conciencia, creando un espacio de música dentro de su espectro de cognición. La banda combina elementos del punk, Trash y Noise, pero al mismo tiempo lo adhieren a melodías atmosféricas en un delirio de ansiedad y alucinación.

Su contexto musical nos aproxima a las planicies áridas del desierto sonorense, a través de la herencia del metal regional, el hard rock primitivo y la escena punk. Donde la levedad de cada álbum de Transistor guarda un espejismo en forma de redención, un lugar en el cual los límites humanos se ven alterados tanto por la sequía como por la inundación, deleite agonizante y riesgo de insolación.

A través de distintas alineaciones, la banda se vio concretada en el año 2007 con las composiciones de Edgar Yocupicio y posteriormente con el acompañamiento taladrante de Omar Ruíz (Raztry) en las percusiones. En 2014 inauguran su lista de álbumes físicos con el E.P. Canciones para el sentido humano, un disco salido del garaje visceral y persuasivo del rock duro alternativo. A finales del mismo año estrenan su primer L.P. titulado Sobre mi cadáver (día de muertos) donde la banda dilata su estilo con 14 temas llenos de contrastes, rabia, pesadumbre y seducción.

A inicios del 2015 sacan a la luz el E.P. titulado se viene Valentín, una triada de canciones que juegan en la melancolía, la distorsión acústica y el beat pop ácido-espumoso. A mediados del mismo año graban y producen su tercer E.P. May the 4th be with you - feel,don´t think! (star wars ep) y en octubre de 2015 estrenan su cuarto disco físico (segundo LP) Stereo Letal (Día de Muertos II), los cuales se vuelcan hacia un hard rock alternativo, plagado de riffes rígidos y agresivos, armonías líricas y letras que juegan entre la levedad y la ficción de sus personajes.

Más allá de la disociación de géneros, transistor es una banda que en vivo refleja un bonus track de sus discos, donde a través de presentaciones enérgicas desgarran el temple estático de la mayoría de los grupos “virtuosos” y con estéticas pretenciosas. A partir de ello crean un espacio alterno entre la concepción de sus temas de estudio y la efervescencia cruda de sus propias composiciones. En síntesis Transistor es una banda de Rock Sonorense que infringe la conciencia de la realidad, un padecimiento del desierto, pero también un rasgo imperativo para poder soportar la supuesta extinción del rock actual y su sentimiento de exhumación.
                                                                                                                            Hugo César



Links de sus videos


martes, 15 de diciembre de 2015

Ventanas del abismo. Reflexión sobre el libro: "Una pastilla más para que pase el dolor"

Concebir la realidad en su totalidad ha sido el dilema más antiguo de la humanidad. Desde su reduccionismo hasta su interminable complejidad, el ente social perdido entre las masas aglutina una serie de angustias capaces, en algún momento, de llevarlo a trascender en su historia pero en otras a conducirlo a su crucifixión.

En la actualidad, el espacio urbano como contexto ha condicionado al individuo a una serie de atavismos originados en la etapa de posguerra (1944-1989), de los cuales destacan la transición rural-urbana, el subdesarrollo, la occidentalización mediática, la inserción tecnológica, el consumismo y su abstención, este binomio último como el núcleo de su perturbación.

El libro de Alfredo Padilla Una pastilla más para que pase el dolor se adentra a la patología urbana en sus múltiples dimensiones, recorre los restos de camino que dejan sus personajes entre su racionalidad y su misma fragilidad. El libro nos ofrece un repertorio de relatos que indagan en la materia obscura que gravita en la ciudad y que trasciende hasta el espacio vacío donde orbitan los seres urbanos, muy lejos del Ceteris paribus.

La pauperización del sujeto como una construcción social de la otredad conlleva en cada una de las historias a entrelazar elementos viscerales que se alimentan del deterioro del tejido social, proceso de extinción de la modernidad, así como de la contracultura occidental, nuestro gran déficit comercial.

En su desarrollo, las historias están marcadas por protagonistas extraviados en un proceso de transición del contexto presente en nuestros días: desde el aislamiento producto de la resaca contracultural hasta el nihilismo como ética y moral; la ideación suicida en forma de imaginario colectivo; la marginación social y su constante disecación; notas negras y fragmentos de un diario personal. Estos son sólo aspectos que armonizan las tramas dentro de melodías de rock y consonancias literarias, pautas que describen una submodernidad plagada de negaciones y fisuras mentales. Todo un envoltorio del progreso fracturado.

Ya sea de manera implícita o con alevosía, Alfredo Padilla nos aproxima a una concepción sistémica y crítica del antropocentrismo, elemento existente en el criticismo de Immanuel Kant, el cual concibió el progreso humano como el incesante subir por un lado y bajar tan hondo por otro (abderitismo). Otra detracción se encuentra presente en B.F. Skinner, donde el conductista plasmó al ente social como un producto tergiversado, simplificado en la frase “el hombre crea la sociedad y la sociedad crea al hombre”. No fue hasta que las tesis posmodernistas encausaron al sujeto en su lucha interior, producto de su propia contradicción o, en otros términos, víctima de su misma construcción social.

En este sentido, el autor del libro expone una radiografía del camino inconcluso del individuo en la sociedad, con personajes que cruzan ese purgatorio mental que procuramos evitar a medida que el tiempo y el espacio atrofian los sentidos. Una perversión del pensamiento en todas sus clases sociales, con relatos contrastantes sintetizados en el ser urbano contemporáneo, donde el progreso se adorna de decadencia y confusión, resultado de retratar los aspectos físicos del trastorno social y su segregación, de la promesa incumplida del modernismo.

Por tanto, Una pastilla más para que pase el dolor nos traslada a una arqueología de la envejecida generación X, a través de los restos que conformaron su transición, con historias que caen en una simbiosis de recuerdos entre sus tramas, crónicas personales, y su pesadilla posmoderna.

                                                                                                        Hugo César