En medio de la incertidumbre climática, la envejecida generación x con algunos remanentes congénitos de otros grupos etarios buscaron la tentativa última parada en la gira “P40 - Celebrating 40 Years Tour Pixies”, un camino de cuatro décadas donde los sonidos estridentes y melodías contagiosas recorrieron 11 fechas en Europa, para desembocar en 5 ciudades de EU y concluir en el viejo Pueblo de Tucson, al cual los Tohono O'odham acuñaron como Cuk Ṣon. En esta ocasión la ciudad albergaba de manera extraña la última fecha de la gira (26 de septiembre), un honor para los arcanos vestigios líricos de los temas de Pixies, que desde el Picacho del Centinela les proporcionaba la última cosmovisión de Norteamérica.
El estrepitoso y sosegado sonido de Pixies comenzó casi en punto de las 21:00 hrs (Rialto theatre), donde dieron apertura con el retorcido tema In heaven “In Heaven Everything is fine You got your good thing And I've got mine” un guiño perpetuo a David Linch y su surrealista mujer del radiador. Posteriormente entraríamos en la nostalgia distorsionada de temas como Cactus, Heres come Your Man, Vamos, Isla de encanta, las cuales ofrecerían un grito melancólico entre la audiencia, la cual asumía letras como: “And a letter in your writing doesn't mean you're not dead Run outside in the desert heat” o el armónico “Take me away to nowhere plains There is a wait so long (so long, so long) You'll never wait so long” para hacer gritar repetidamente “vamos a jugar por la playa” dándonos como ofrenda el feedback ritual de Joey Santiago en la guitarra y su reverberación espiritual, para culminar tiempo después en otro tema con el alarido de los asistentes “…donde no hay sufrimiento!!!!”.
Los Pixies en el recinto Rialto theatre de Tucson interpretaron una flecha de tiempo que albergaba canciones
de la mayoría de su álbumes de estudio y recopilaciones, un ir y venir con
vientos de tormenta de arena vociferando aserciones como: “Looks Mexican our love is rice and beans and horses lard, your bones
got a little machine“ “That the
mother makes when the baby breaks, we're chained” “Snakes are coming to your
town… a plague for our mistakes”, sin olvidar su estridente cover de The
Jesus and Mary Chain al grito de “And I'm taking myself to the dirty part of
town, where all my troubles can't be found, makes you want to feel, makes you
want to try…”.
Fueron mucho más
los temas que interpretaron, donde la noche transcurrió con toda una emergente
ópera prima in situ de composiciones
para un público diletante que encontró en sus vivencias algún pasaje de sus
sobremodernas vidas en forma de trastorno, una sintonía con la mundividencia de
los Pixies, reflejo de la contracultura abnegada en el camino recorrido desde
1986 y que hasta el presente mantiene la esencia de la otredad genérica y el
ser. La agradecida y agraciada banda se despidió de su público, manteniendo ese
vínculo cercano con el entorno árido y desértico, un bioma social con
sentimientos gramaticales fuera de contexto, donde sus almas alteran la
evaporación y distorsionan de manera extrema su precipitación.
Hugo César













